La pregunta la realiza una niña de 19 años, embarazada, anhelante por poder encontrar en el Tarot una respuesta que le permita dilucidar y conocer desde ya cuál será el sexo del niño/a que está esperando (su tiempo de embarazo aún no permite dilucidarlo). Al mismo tiempo, me relata un sueño muy bello que ha tenido la noche anterior con su abuela ya fallecida, a quien ama y recuerda mucho. En el sueño, la mujer aparece sentada al interior de una habitación con una gran ventana y por la que entra mucha luz. Con palabras suaves, llama a su nieta que se encuentra en la entrada para que se acerque hasta donde se encuentra. Le toma ambas manos, la mira cariñosamente a los ojos y al tiempo que le pide que voltee ambas palmas a la luz que entra por la ventana y que deje que ésta penetre en ellas, le susurra estas palabras: “es una adivinanza mi niña”. Sus manos se vuelven blancas y luminosas. La Mujer sonríe. En ese instante su abuela comienza a desvanecerse poco a poco, y ella despierta.
Esto la ha impresionado mucho, e intuye que quizás su amada abuela le ha dado en sueños un mensaje que no sabe cómo descifrar, aunque en su corazón siente que ha sido para reconfortarla y recordarle que está siempre a su lado. No sabe al mismo tiempo si acaso su sueño tenga relación con el deseo que se ha gestado en su corazón estos últimos días: el de saber si tendrá en el futuro a un niño o una niña entre sus brazos. El sueño deja tras de sí un sentimiento de melancolía, pues habría deseado poder compartir juntas un momento tan importante en su vida, como el que está viviendo ahora.
Al momento de barajar y pedir que escoja 3 cartas del mazo, obtenemos la siguiente lectura:

Tarot de Marsella: XI La Fuerza - XV El Diablo - XVII La Estrella
Como sabemos, la pregunta esencial efectuada al Tarot, dice relación con conocer el sexo del futuro hijo/a de la consultante. Sin embargo, lo primero que deja ver la lectura, es un símbolo que se repite en las tres cartas, y que se relaciona directamente con el sueño: la mano, y su importancia en cada “escena” retratada. En La Carta de la Fuerza, una mujer acerca sus manos a las fauces de un león, en un gesto ambiguo: ¿intenta abrir el hocico del animal, o más bien cerrarlo? ¿sus manos buscan calmar a la bestia, o más bien la animan en su fiereza? Su mano situada a la izquierda se eleva por sobre los ojos del león, mientras que la que se encuentra a la derecha parece adentrarse dentro de su hocico. En la siguiente carta, El Diablo, un extraño ser andrógeno, mezcla de hombre y animal, alza su mano situada a la izquierda con su palma abierta, queriendo hacer una seña o advertencia de algo, mientras que en su mano a la derecha de la carta sostiene una espada-antorcha. Finalmente, en la carta llamada La Estrella, una joven desnuda situada a orillas de un lago en medio de la noche, porta en sus manos dos jarras, una de las cuales vierte sobre la tierra, mientras que el contenido de la otra devuelve al curso de las aguas. Como podemos observar, la gestualidad de las manos, y su papel en las escenas de cada imagen, es un signo preponderante y significativo… ¡Mucho más para esta lectura! Por ello, decido unir aquellas manos iluminadas del sueño de nuestra consultante con este símbolo revelador que nos ha regalado el Tarot, y con la consulta misma, el sexo del niño/a que espera, todo como una gran alegoría a través de la cual mediante la interpretación, llegaremos a la tan anhelada respuesta.
Interpretación
Como podemos ver, la primera carta retrata a nuestra consultante. Ella está representada por la Fuerza, arcano que en el Tarot señala una etapa que se abre y la germinación de la nueva vida. Simboliza la vida instintiva (la mujer se comunica con su león, juntos anima y animus, la fuerza interior que se manifiesta a través de la energía creativa). En este caso, nuestra consultante se encuentra comunicada profundamente con su femineidad: está embarazada. Nótese que el león tiene apoyada la cabeza sobre su vientre, al tiempo que con sus ojos busca la mirada de la mujer que acerca sus manos hasta él, sin dañarse mutuamente. Se encuentran en una gran comunión. La carta está situada a la izquierda de la lectura, es decir, en el lugar que el Tarot asigna precisamente a las fuerzas receptivas-femeninas. En la carta de la Fuerza, vemos estas energías femeninas expresándose con total libertad, manifestándose en un gran flujo de energía (la mujer despierta su animalidad y sus energías masculinas, no se cierra a ellas). Ella asume y busca por tanto en su embarazo la confirmación de sí misma, de su propia femineidad e individualidad, de su propia persona y lugar en el mundo. Esto quizás resulte a algunos demasiado obvio de señalar dentro del contexto de la experiencia de vida que está experimentando la consultante; sin embargo, y además de lo señalado por la Fuerza, con sus aspectos benéficos y luminosos, hay algo que deja ver la lectura, como señal de un conflicto: un conflicto de la consultante con su propio embarazo, y en relación a un deseo que desea dejar claramente expreso dentro de la lectura. Ella se enfrenta a algo, que vive como oposición a los deseos representados por La Fuerza. Su León, también está para defenderla de algo.
¿Cuál será este conflicto? Continuemos con la interpretación.
La Fuerza representa el sí mismo de nuestra consultante: su vida interna. Ahora bien, ¿hacia dónde se dirige esta Fuerza, hacia dónde avanza junto a su León-Escudo? ¿Qué es lo que busca, y lo que desea realizar, o proteger?
La Fuerza se encuentra junto al Diablo: ambas representan respectivamente en el Tarot, las energías sexuales de tipo femeninas, y masculinas. Sin embargo, y dentro del contexto de esta lectura, estas energías se encuentran en contraposición. A nuestra consultante no le da lo mismo el sexo de su futuro hijo. Se encuentra en conflicto con lo masculino, y se defiende de ello; ella desea hacer prevalecer las energías representadas por la Fuerza por sobre las que representa el Diablo. Nuestra consultante desea tener una niña, fiel reflejo de ella, para defenderse de algo, de un símbolo masculino o de lo masculino, que le resulta difícil de sobrellevar. En su encuentro con el Diablo, la Fuerza se alza, y se reafirma a sí misma a través de la nueva vida que está gestando: quiere que ésta sea un sello de ella.
Cuando analizamos simbólicamente la Lectura, nos encontramos con que al centro de ella, tenemos a un personaje que no es ni hombre ni mujer, o es ambos al mismo tiempo. Es el Diablo, el andrógeno del Tarot. El diablo es aquí una representación del Feto, indiferenciado aún, hombre-mujer: reúne ambas fuerzas, ambas posibilidades (recordemos que nuestra consultante aún no puede conocer por los medios disponibles, el sexo de su futuro niño/a). En el Tarot, tenemos otra figura andrógena, pero que ha llegado a su perfección: El Mundo; en El Diablo en cambio, hay algo que se está gestando aún en la oscuridad (el misterio). El bebé está tomando forma, y adoptará finalmente sólo una de las dos, femenina, o masculina, simbolizadas por los dos diablillos o personajes situados a los pies del andrógeno de la carta. El Diablo, al igual que el personaje que corona a La Rueda de la Fortuna, representa aquí un enigma a resolver. Es un acertijo, como en el sueño mismo, y que grabado en las manos de la consultante posee la respuesta que ella desea poder encontrar. ¿Cuál de los personajes en el Diablo entonces, será el que tenga esa respuesta? ¿Con cuál de ellos nos habremos de identificar, o con cuál de ellos se identifica la consultante? Cuál es la forma que está adoptando su bebé, para convertirse finalmente en hombre, o mujer?
Sigamos para ello las manos de los personajes de esta lectura.
En La Fuerza, la mujer (la consultante) acerca su mano derecha (masculina-activa) al hocico del león: lo alimenta para que se vuelva más fuerte. No le teme… aunque quizás también desee que este león devore su mano. Sin embargo, la mano izquierda (receptiva) de la mujer, se alza pacíficamente sobre los ojos de la Bestia, que la reconoce y la sigue con la mirada, al mismo tiempo que mujer y animal se miran mutuamente: ambos se han reconocido. En la siguiente carta, El Diablo, nos encontramos con un ser de sexo indefinido, pudiendo observar asímismo que los diablillos llevan sus manos (símbolo de la voluntad) por detrás de sus cuerpos, quizás atadas u ocultando algo: la formación de nuestros sexos está más allá de nosotros mismos; es mistérico. La Fuerza está dando forma con sus manos a la vida que porta dentro de su vientre: está moldeando el sexo del niño/a… quiere dar forma a la materia viva. Así, la consultante busca poder realizar en esta nueva vida, un deseo propio arraigado profundamente. Como un espejo, busca en su futura maternidad su propia imagen. Busca en una niña, su propia niña.
Si vemos más detalladamente, el León en La Fuerza, dirige su hocico y su furia hacia los genitales masculinos del personaje central del diablo. El León corta (o más bien castra, con el sentido más profundo de esta palabra) los genitales, como también hiere (en el contexto de la lectura) la mano derecha (signo de lo masculino) de la propia mujer que sostiene su hocico, al tiempo que mira hacia la palma abierta de la mano izquierda (femenina) del Diablo, que se alza bajo la cabeza de una pequeña mujer desnuda. Así, se unen la mano izquierda de la mujer de la Fuerza, y la mano izquierda abierta (en señal de protección, o de advertencia), la palma (el símbolo que encontramos en el sueño de la consultante) del Diablo. Con su mano alzada, el Diablo parece proteger a la “diablilla” o figura femenina situada bajo él, y a la izquierda de la carta, mientras que sobre el diablillo o figura masculina sostiene una espada-antorcha, uno de los símbolos más ambiguos dentro del Tarot (en algunos prediseños del Marsella final, esta espada sin empuñadura apuntaba su filo hacia abajo, al tiempo que hería la mano que la sostenía). En la lectura, podemos leer esto nuevamente como un acto de agresión simbólico hacia un arquetipo masculino. Hay que entender que la consultante jamás dañaría a un hijo hombre; lo masculino es entendido aquí como un signo de algo externo que se presenta a ella como un conflicto, y ante lo cual desea reafirmar su identidad femenina, a través de las fuerzas que representan o simbolizan, lo femenino. Por ello a lo largo de la lectura, se manifiesta con tanta claridad el predominio de la mano izquierda, encontrándose también implícitamente en ello la resolución del enigma del Diablo, el sexo del niño/a. El León necesita alimentarse de la mujer, busca con ansia que ésta devuelva su mirada benevolente, que le de tranquilidad. La mujer busca en su león, expresarse y encontrar su sitio en el mundo, a través de la nueva vida que germina dulcemente dentro de su vientre. El León dirige su mirada hacia los pechos del andrógeno, que se alzan por sobre la oscuridad que gobierna la representación del arcano XV, y son iluminados por esta antorcha en medio de la noche, que alimenta a un cielo estrellado bajo el cual una mujer desnuda, mira su imagen en las aguas de un lago en el que vierte la jarra que sostiene su mano izquierda, mientras que esta vez, con su mano derecha, derrama el agua en la tierra, como un gesto de fecundidad y apertura al mundo, en comunión con él. Nótese aquí un detalle importante, y diferente: la mujer de la tercera carta, La Estrella, realiza un acto con su mano derecha, que ya no es agresivo, ni significa conflicto en su vida. Derrama el agua, su vida emocional y la capacidad para perdonar, sobre la tierra, con sus pies desnudos, al igual que la mujer de la Fuerza que se manifiesta ante el mundo. Aquí la estrella, al final del camino y de la lectura de la consultante, logra realizar un acto de reconciliación, integrando nuevamente ambas fuerzas en sus jarras, masculinas y activas, esta vez de manera armónica y fecunda.
Por otra parte (y aventurándonos un paso más allá), podemos entender en este conflicto de fuerzas femeninas y masculinas representadas por La Fuerza y El Diablo, una alegoría del Padre, el padre del niño/a e incluso hasta del propio padre de la consultante. Podría simbolizar un rival, o la voz de la autoridad ante la cual la consultante se revela: nótese uno de los símbolos que también se repiten a lo largo de la lectura, y que es la aparición de “rostros” en el vientre de los personajes de las 3 cartas, de diferente tipo y señalando quizás mensajes diferentes. En La Fuerza, el vientre de la mujer tiene el rostro de un León; en el Diablo, este rostro se muestra soberbia y sarcásticamente dibujado sobre el vientre del ser mitad humano, mitad animal, con su lengua fuera en gesto obsceno, para finalmente aparecer también, de forma más tenue y menos agresiva, en el vientre de la mujer de la tercera carta llamada La Estrella, cuyos pechos semejan dos grandes ojos, y en su vientre aparecen de forma ambigua lo que parece una pequeña nariz, y una boca a la altura de su ombligo: su vientre está abierto al mundo. En esta última carta cobra importancia el siguiente detalle, y es que el rostro dibujado sobre el vientre de la mujer, es del mismo color de su piel. Esto quiere decir que ella ha internalizado el mensaje que estos “rostros” quieren decir a lo largo de la lectura, de forma positiva. El rostro encarna en ella, como parte de ella misma, o bien la consultante encarna en ella la imagen de sí misma que anhela tanto, y se une en un acto de profunda comunión, ambas siendo una bajo este inmenso cielo estrellado, que corona sus cabellos con la luz de una estrella fulgurante, con cuyo resplandor, ahora ya no sola, limpia y sana su corazón con el agua que brota de este lago, y de su vientre infinito. La Estrella señala el acto supremo de amor por sí mismo.
Luego de todo lo explicado, y cuando le pregunto a la consultante el por qué de este conflicto, me señala lo siguiente:
“Estoy embarazada de 2 meses y medio, y me encuentro sola en el mundo. Cuando le comuniqué la noticia a mi pareja, con quien llevaba muy poco tiempo de relación, en lugar de ofrecerme su apoyo y su alegría, me hizo sentir que había truncado su vida, y que no podía responder ya como pareja, ni como padre. Aunque estoy próxima a cumplir 20 años, aún estoy en casa de mis padres, y dependo de ellos mientras no acabe mis estudios. Mi familia ha tomado también la noticia muy a mal”.
Cuando le pregunto cómo ha sido la reacción y actitud individual de sus padres respecto a su embarazo, me señala que quien ha tomado la noticia de peor forma, es su padre. Es muy machista, y por consiguiente el embarazo de su única hija, aún joven y soltera, significa una vergüenza familiar. La culpa constantemente de su situación. Aunque lo ama, la relación entre ambos se ha deteriorado mucho. Su padre ha manifestado abiertamente su deseo de tener un nieto “hombre”. Cuando le pregunto si tiene más hermanos, me dice que tiene dos hermanos hombres, con quienes no tiene mayores problemas. Es la única mujer en su hogar, además de su madre, con quien también me señala, han tenido una relación que las ha marcado desde siempre por el amor-odio, y cierta indiferencia. Además de esto, retrata a su madre como una persona sin voluntad propia, que asiente la palabra del marido en todo. Su gran referente materno, ha sido y es su abuela materna, a quien amaba como una verdadera madre y a la que perdió a los 17 años. Ella le dio el amor y la ternura que sentía su madre biológica no fue capaz de entregarle. Sus padres son mayores, y dice no cambiarán. Extraña a su abuela, y siente que ella le ha hablado en sueños, para calmar su tristeza, y su soledad.
Cuando le pregunto por su relación con su pareja, o ex pareja, me señala que ha cortado toda comunicación con él, al tiempo que éste tampoco la ha buscado para brindarle su apoyo, o tener noticias sobre su estado. Siente rabia contra él, y se siente atrapada en el entorno familiar, debiendo asentir al mandato paterno y materno a la vez que aguantar la mirada y los comentarios que muchas veces carecen de la calidez que deseara. Mientras dependa de ellos, nada puede hacer.
Cuando me comunica abiertamente todo esto, logro comprender qué quiere decir verdaderamente su lectura, y por qué el Tarot, como un lenguaje infinito, como una máquina fotográfica que retrata los verdaderos deseos anidados en el alma de los seres humanos, ha ido esta vez más allá de una simple pregunta original. Quizás era necesario que la consultante pudiera ver con más claridad, y desde una especie de retrato que relata su vida desde lo simbólico (que siempre es menos doloroso) su situación actual. Le explico que, como su embarazo ha estado marcado hasta esta etapa por el abandono y el dolor, ella se ha unido profundamente con su femineidad, que está experimentando un cambio esencial, y maravilloso, la nueva etapa y la vida germinando que representa en su lectura la Fuerza. Está íntimamente ligada a este cambio, que le ha demandado al mismo tiempo una fuerza espiritual que hasta ahora no había reconocido en ella (es ella misma quien ha creado su propio león, la fuerza que reconforte su corazón). También le explico que como se encuentra en contraposición con la autoridad, y a la vez ha experimentado el rechazo masculino, tanto en su pareja como en su padre, necesita reafirmarse a sí misma en su situación de mujer. Lo que busca al desear tener una niña es en realidad un reflejo y confirmación de sí misma. El León, así como el rostro burlesco y desafiante dibujado sobre el vientre del arquetipo masculino encontrado en la figura central del Diablo, dicen al unísono: “este niño me pertenece a mí, y no a los demás. Por eso, será una niña, una niña igual a mí”. Desea hacer prevalecer su voz sobre la voz de los otros. Desea proteger a la niña gestándose bajo la mano abierta, la palma del Diablo, en señal de advertencia. Para ello es su león, un escudo y una advertencia, de que no cumplirá los deseos ajenos, sino los suyos. Para ello es que con la espada-antorcha que sostiene el Diablo, corta la cabeza del diablillo y derrama el fuego ardiente a su alrededor, para cercarlo y no permitir su paso. Cuando el León desgarra los genitales masculinos del Diablo, frustra los deseos de su padre por tener un “hombrecito” que criarán con su esposa, y se revela ante los hombres, como señal de recuperar su propio valor ante ellos, y ser reconocida construyendo su propio lugar en el mundo.
En la conversación que mantengo con la consultante, ésta me señala también cuál es la gran razón de su anhelo tan grande por tener una niña: cuando pequeña, siempre quiso tener una hermana a quien poder ver como su igual. Alguien con quien poder compartir sus juegos, sus intereses… su ropa...todo. Al haber estado rodeada mayoritariamente de hombres, no podía compartir su mundo completamente con ellos, o su mundo no era del interés de los demás. Por otra parte, la relación conflictiva que desarrolló con su madre (me pregunto por qué el conflicto madre-hija es en ocasiones tan recurrente) marca en ella una carencia afectiva. Le gustaría tener también una niñita para mimarla como hubiera querido que la mimasen a ella; peinarla, jugar con ella los juegos que le gustaban de niña, enseñarle todo. Ser un reflejo de ella, que venga a suplir las carencias de su propia niñez.
Cuando le muestro a la consultante la última carta, La Estrella, le digo: “tú deseas con todo tu corazón tener una niña; ¡pues tendrás una niña, alégrate! Perdiste a tu abuela a los 17 años… 17 fue la edad que tenías cuando ella abandonó este mundo, para entonces cuidarte y protegerte por siempre desde arriba. Tienes una estrella en el cielo, que iluminará siempre tu camino. Ahora ella ha bajado para comunicarte un mensaje maravilloso… ¿qué número tiene escrito La Estrella en su borde superior? ¡¡¡El Diecisiete!!! .. es tu abuela quien te ha revelado en tu sueño, como el más hermoso regalo, lo que más anhelas: que tendrás en el futuro a una niña entre tus brazos, como la niña que nunca fuiste, a la que quieres amar como no sentiste muchas veces querida; para que seas en ella, como ella será siempre en ti … como un sueño realizado” . la mujer de la Fuerza, busca a la niña desnuda de La Estrella: se miran mutuamente. La mirada de la mujer se pierde en este cielo estrellado que simboliza su esperanza, la calma en el dolor, y la alegría por venir, y la niña busca refugio en las aguas de aquel lago, como una metáfora maravillosa de la madre; sus jarras desbordan el agua, símbolo en el Tarot de la vida emocional, energía que portan las copas, las jarras que la niña sostiene en sus manos, y símbolo universal del amor materno; el agua que es el amor dentro del cual vive y sobre el cual flota, protegida, en el vientre de su madre. Así, la niña de la estrella calma la sed del león, amansa su corazón, y reconforta con la luz que se abre en medio de la noche, como señal de un futuro colmado de felicidad y realización. La mujer de la Estrella bendice la llegada de una nueva vida al mundo, y se reconcilia en un gesto de bondad con el pasado (su mirada hacia la izquierda) y la tristeza derramando ahora no con la mano izquierda, sino con su mano derecha, el agua generosamente sobre la tierra fértil del paisaje. Un ave, símbolo de la esperanza e iluminada tenuemente por el fulgor, ha encontrado su hogar sobre un árbol. En su desnudez, La Estrella busca la realización absoluta de su verdad interior. Nuestra consultante encontrará finalmente, su lugar en el mundo. Su lago se hará entonces un mar inmenso, que fecundará al mundo entero.
Para finalizar, señalo: “tienes 19 años. Tendrás a tu hijo cuando tengas 20. ¿Deseas saber qué carta en el Tarot posee ese número?” Ante su interés, busco la carta en el mazo, y se la enseño: “El Arcano XX del Tarot se llama El Juicio. En él, un hombre y una mujer celebran juntos la llegada de una nueva vida, que los bendice e ilumina. Un gran ángel separa los cielos de par en par, y con su trompeta hace de este nacimiento, un acontecimiento que cambiará la vida de todos aquellos que están contigo. Incluso de quienes no están, de quienes han estado ausentes ahora cuando los necesitas. La mujer junta sus manos en señal de oración y agradecimiento, y reconoce inmediatamente a este nuevo ser, que aparece ante la llamada del ángel. El hombre hace lo mismo con sus manos, y descubre lo que no ha podido ver antes: su mirada se eleva a los cielos y recibe la gracia que cae como pequeños rayos de sol sobre sus ojos. Ambos están desnudos; han encontrado la verdad y viven en ella. Mira sus manos, las manos nuevamente, con las que los personajes aprenden a agradecer y reconocer lo maravilloso alrededor de sus vidas. La mujer eres tú ante tu hijo; el hombre de barba puede ser tu padre que despierta al amor; incluso pueden ser tu padre y tu madre, o incluso aquel hombre que parece más viejo, puede ser tu pareja, que despierta ante el regalo de convertirse en padre y le sale barba y sus cabellos se vuelven los de un hombre mayor, porque se vuelve sabio. Ante este nacimiento, todos se vuelven humildes, y reconocen en ellos el valor mismo de la vida. Todo va estar mejor; ¡debes tener fe en ello!"
Al momento de cerrar nuestra lectura, y de despedirnos, le deseo con el corazón abierto la mejor de las suertes, y mis deseos porque encuentre en su vida la felicidad, junto con recordarle que de seguro, será la mejor mamá del mundo! .. Ella queda agradecida y tranquila, sobre todo porque sabía dentro de sí que aquel sueño había sido un regalo que colmaría de sentido su vida en el futuro, y el tiempo que quedase de su embarazo. Ya no estaba sola, y esta niña que viene en camino, vendrá a ofrecerle todo lo que alguna vez, soñó para sí misma.
Me despido de ella sin decírselo, pero con la mayor de las alegrías en mi corazón: ha sido la lectura más maravillosa que he realizado en toda mi vida. Como un buscador incansable del tesoro oculto en el Tarot, cual diamante en bruto intentando reflejar la luz de mi Universo entero, encuentro lo que he estado buscando por tanto tiempo para mí mismo, y mi vida: La Belleza. Finalmente y por vez primera, he visto al Tarot brillar como una gran Estrella en mi camino; sobre mí. Y me siento feliz por ello. Como un sueño realizado.
